Una experiencia personal…

Una experiencia personal…

Aún recuerdo la primera vez que asistí a una familia para atender a un servicio funerario…

Diría que no existe curso, formación o preparación alguna para aprender a tratar con los difuntos. Es una experiencia que únicamente se aprende con el contacto con el cadáver , solo se aprende cuando te encuentras frente el mismo.

Desde mi punto de vista fue una sensación de tiempo detenido. Su cara estaba morada y como buen novato no podía dejar de asombrarme observando la inmovilidad del cuerpo. Era una señora de unos 70 ańos que llevaba una riñonera y una ropa de diario. Hasta que llegamos estaba tapada con una manta y, en cuanto llegamos, hicimos los preparativos para hacer el levantamiento de cadáver.

Otra sorpresa para mí fue con la forma de dominar la situación por mi compañero que tenía cerca de 20 años de experiencia en el sector. La naturalidad con la que atendía a la familia y a su vez con la maniobra del levantamiento.

En ese momento pensé: “Existen personas que vienen a este mundo con un destino profesional, mi compañero era y es un auténtico Funerario”…  No solo por la preparación del cadáver sino la sensibilidad con los dolientes… ¡Un funerario anónimo!

 

 

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