El duelo y la actitud hacia la muerte de un ser querido

El duelo y la actitud hacia la muerte de un ser querido

Las actitudes más habituales con las que se puede hallar frente a la muerte, frente al duelo, son el temor y la negación. Se distinguen 3 niveles de análisis para conseguir un enfoque multidisciplinar:

  • individual, que depende de las actitudes que se tengan cara la muerte y las diferentes estrategias para encarar las pérdidas;
  • cambios sociales en consideración a la muerte
  • cambios culturales sobre conceptos y actuaciones ante esta.

Las actitudes sociales cara la muerte cambian conforme la temporada en la que la persona viva y la conciencia de cada uno de ellos. De esta manera, en la vejez, las Personas Mayores confiesan que no tienen tanto temor a fallecer como en etapas precedentes, debido en parte a diferentes experiencias relacionadas con esto durante su vida. Su término depende en buena medida del estado de salud de la persona y del grado de satisfacción que tenga de la vida, haciéndose más admisible cuanto más se han satisfecho sus esperanzas. De este modo, se distinguen primordialmente actitudes cara la propia muerte como actitud de indiferencia, miedo, reposo o bien serenidad.

En esta etapa, como en el resto de las etapas vitales, asimismo se manifiesta un sentimiento de sofocación y miedo cara la muerte, donde influyen factores como la edad, el género de personalidad o bien las creencias de tipo religioso.

Centrándose en el tema del duelo, este forma la pérdida de un ser querido, que lleva consigo pérdidas cariñosas y cambios conductuales en la persona que lo vive. Es en consecuencia, un proceso que acostumbra a tener una duración de 2 a 5 años de media, donde hay que admitir esa pérdida y empezar a reordenar la vida sin esa persona. Generalmente este proceso se compone de 3 fases básicas: parálisis y convulsión frente a la pérdida, preocupación y tristeza profunda derivada de pensamientos cara la persona fallecida y, por último, fase de restauración del interés por la vida.

La pérdida de una persona, provoca con esto efectos a diferentes niveles, como cambios en las sensaciones anatómicos, depresión, soledad, idealización de la persona perdida, trastornos del sueño o bien nutrición o bien aun hiperactividad.

Es precisamente por esto que se considera vital efectuar una serie de labores para poder superar de forma conveniente la pérdida, consistente en admitir la realidad de la pérdida, identificar y expresar los propios sentimientos, amoldarse a la nueva vida sin esa persona y ser capaz de implicarse emotivamente nuevamente.

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